Uno de los últimos pensamientos o preocupaciones que tuve cuando entré a la U fueron mis outfits: qué ropa es adecuada para ir. Al principio dije “iré bonita”, y me sentí súper fuera de lugar porque, a pesar de que otros compañeros también hicieron lo mismo, yo era más extravagante, y eso era algo de lo que antes de entrar a la U nunca me había dado cuenta.
En un grupo de amigos como el que yo tengo, no ser un tanto extravagante es lo extraño. Todos tenemos piezas que son nuestra signature de que estuvimos en un lugar y que demuestran nuestra personalidad al mundo exterior. Así que cuando me vi enfrentada a mis compañeros, los cuales tenían ideas un poco más generales de lo que es ropa adecuada para tener y vestir en un entorno universitario (o en cualquier entorno, más bien), me sentí súper fuera de lugar.
Lo cual me lleva a la parte 1.
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Parte 1: adaptarse para sobrevivir
Cuando me di cuenta de que destacaba (a veces de mala manera) entre mis compañeros, me di el tiempo de analizar qué pasaba a mi alrededor. El outfit básico de un universitario consta de lo siguiente: polerón, polera, jeans, zapatillas + mochila o bolso a elección.
Con eso en mente me dispuse a crear combinaciones con esta idea general. El problema es que cada prenda de ropa que poseo es extravagante. Para empezar, yo no tengo polerones, solo chalecos (una cantidad inhumana, tengo que decir). Además, tampoco tengo muchas poleras, pero sí tengo camisas. Lo único que coincide con el outfit ideal universitario son mis jeans y zapatillas.
Por lo cual, cuando llegaba a la U con el outfit combo chaleco–camisa–jean–zapatillas, mis compañeros no pensaban que me veía normal, sino que me veía “elegante”.
Ahora, me gustaría hacer otro post respecto a esa palabra, porque la he recibido utilizando los outfits más meh de la historia, y creo que como sociedad nos hemos alejado del significado e iconografía real de la elegancia. Pero como dije, eso es para otro post.
Volviendo a la idea principal: mi plan falló rotundamente. Yo quería ser una más del montón y, en vez de mimetizarme con el mundo universitario, pasé de ser extravagante a ser elegante, lo cual la verdad no es muy diferente teniendo en cuenta mi objetivo principal.
Y por eso llegamos a la parte 2.
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Parte 2: aceptación
Aceptarse a uno mismo es la parte más difícil de la vida: aceptarse con todas tus cosas buenas y malas. En mi caso era aceptar que tengo un gusto singular por la ropa y usar la susodicha porque para eso es.
Aceptar que voy a ser la amiga que se viste raro, que es rara, pero en una carrera de raritos eso es lo normal.
Y eso me llevó a un pensamiento a las 3 de la mañana un día lunes 5 de mayo de 2025 (atestiguado por las notas de mi teléfono):
“Todos somos raros en biotec, solo que a mí se me nota, mientras que a los otros no. Todos ellos son raros de clóset. Yo soy real y libre.”
Y sí, se nota la filosofía de las 3 a.m., pero después de ese pequeño pensamiento empecé a vestirme como se me cantara el pico todos los días. Algunos días más “normal” que otros, pero al final ya no tenía esa sensación de que yo debía encajar en los estándares de presentación personal de otros.
No seguía tales estándares ni cuando estaba en el colegio y había uniforme. No los voy a seguir ahora que no existe tal cosa como “uniforme universitario” (o al menos no está institucionalizado).
Porque la verdad, si te sientas un momento a ver a la gente pasar, te vas a dar cuenta de que todos los NPC universitarios van igual: polerón–polera–jean–zapatillas. Es su uniforme, pero de su comunidad de NPC.
Y yo no tengo por qué formar parte de esa comunidad.
Ahora, pensar cada día un outfit diferente para llevar a la U es un poco cansador a veces, así que tomando en cuenta mis preferencias, personalidad y comodidad creé mi propio uniforme universitario para cuando no quiero pensar mucho qué me quiero poner.
Y eso nos lleva a la parte 3.
Parte 3: conoce tu clóset, conócete a ti mismo
Para mí, mi clóset es una ventana a mi alma. Toda la ropa que tengo dentro representa mi personalidad, así que elegir qué me voy a poner es un poco difícil. No porque sienta que no tengo ropa, sino porque me quiero poner todo al mismo tiempo.
Por lo cual, en las mañanas apresuradas antes de ir a la U, la tarea de vestirme puede ser un tanto complicada. Así que creé dos fórmulas de outfit, que se dividen en dos clases:
-
A. No tengo lab
-
B. Tengo lab
A. Outfits tipo A
Los outfits tipo A tienen su base en faldas o vestidos, ya que esos días son los únicos en los cuales los puedo usar. Aprovecho incluso en invierno para hacerlo.
En primavera-verano es falda–polera–(chaleco liviano dependiendo de la temperatura) o vestido en caso de que no quiera pensar mucho.
En invierno se pone un poco más entretenido porque puedo realizar layering y accesorizar más: camisas, chalecos, pantys, calcetines, bufandas, abrigos, incluso paraguas.
Por eso amo la época otoño–invierno.
B. Outfits tipo B
Los outfits tipo B tienen la característica de ser más sencillos y utilitarios. Solo son jeans que puedo manchar, zapatos cerrados y algo cute en la parte de arriba, aprovechando que el delantal cubre esa parte de cualquier mancha improvista que pudiera surgir en el laboratorio.
La verdad, los outfits tipo B son mis menos preferidos, ya que tengo menos espacio para hacer cosas entretenidas. Por lo cual tengo aproximadamente 15 combinaciones que voy rotando durante el semestre para no sentirme tan fome.
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Con todo eso dicho: sean libres, chiquillos. Creen su propio uniforme de NPC si quieren, pero que no les importen las miradas de los demás.
Sean lo más libres y salvajes que puedan en la selva universitaria.
Kudos, amiga domi, no pienses tanto, la gente ignorante es la más feliz
ReplyDeleteodio ser feliz, viva la rumiación
Deleteamo que tu método es una versión simplificada de las etapas del duelo, siempre icónica, kudos <3
ReplyDeletealso me da risa, eres como jade de las bratz, siempre se sentia fuera d su grupo pq tenía un estilo d la moda más marcado, slay all day, queen
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