/1 hour medieval style EMINEM/
Y así pareció a muchos que las desgracias caídas sobre la casa Hawthorne durante la década siguiente no eran obra del mero azar, sino continuación de una antigua condena que perseguía a aquel linaje desde generaciones atrás.
Las gentes de la aldea comenzaron a murmurar en voz baja que la sangre de los Hawthorne cargaba algún pecado heredado, pues desde los días de Roger y Margery la muerte jamás abandonaba del todo sus hogares. Algunos afirmaban que la maldición había nacido cuando Roger, siendo aún joven, fundió oro destinado a un relicario sagrado para fabricar joyas encargadas por un mercader extranjero. Otros culpaban a John Hawthorne y a sus incontables vicios, mientras las ancianas del pueblo susurraban que la envidia y los celos de Joan habían atraído el mal sobre toda la familia.
Mas fuese castigo divino o simple crueldad del destino, lo cierto era que cada generación Hawthorne parecía destinada a enterrar más hijos de los que lograba criar.
Walter Hawthorne, heredero de Roger y maestro orfebre como su padre antes que él, luchó durante largos años por mantener la dignidad de su linaje. Sus manos eran conocidas por trabajar el metal con delicadeza impropia de un hombre nacido entre campesinos; elaboraba crucifijos, anillos matrimoniales y pequeños relicarios para los aldeanos acomodados y, en ocasiones, incluso para viajeros llegados de tierras lejanas.
Decían algunos que Walter poseía el raro don de “dar calor al oro”, pues las piezas surgidas de su taller parecían cobrar vida bajo el resplandor del fuego.
Mas ni siquiera un oficio respetado bastaba para proteger a un hombre de los designios del Altísimo.
La muerte de Geoffrey, ocurrida en el año del Señor de 1310, quebró algo dentro del viejo orfebre. El muchacho no solo era su primogénito, sino también el único de sus hijos que mostraba verdadero talento para el oficio familiar. Desde pequeño había aprendido a pulir plata junto al brasero y conocía el valor y propósito de cada herramienta del taller. Walter soñaba con verlo heredar el oficio y devolver prestigio y prosperidad al nombre Hawthorne.
Pero cuando Geoffrey pereció entre las llamas del bosque, el silencio cayó sobre Walter como mortaja.
Ya no cantaba mientras fundía metales ni relataba historias durante las comidas familiares. Alice observó con pesar cómo las canas comenzaron a poblar prematuramente el cabello de su esposo y cómo sus manos, antaño firmes como hierro, empezaban a temblar levemente al llegar la noche.
Y fue entonces cuando Walter comenzó a fijarse con mayor atención en Richard, el hijo mayor de John. El muchacho trabajaba duro pese a su corta edad y soportaba con dignidad la vergüenza provocada por su padre. Viendo la miseria en que vivía su sobrino y comprendiendo que Geoffrey jamás ocuparía su lugar, Walter decidió tomar a Richard como aprendiz de orfebre.
Así, durante los años siguientes, el muchacho comenzó a pasar largas jornadas junto al fuego del taller, aprendiendo a fundir metal, pulir plata y moldear delicadas piezas bajo la severa pero paciente mirada de su tío. Y aunque Walter rara vez mostraba afecto con palabras, muchos comenzaron a notar que trataba a Richard más como a un hijo que como a un sobrino.
Y aun así, los nacimientos continuaron.
Pues era costumbre entre las gentes humildes traer al mundo tantas criaturas como fuese posible, sabiendo que pocas sobrevivirían hasta la adultez. Las mujeres parían una y otra vez, resignadas a que la mitad de sus hijos terminaría bajo tierra antes de abandonar la niñez.
Y en más de una ocasión Alice llegó a preguntarse en secreto si el Señor enviaba hijos a su vientre únicamente para reclamarlos después.
Entretanto, la situación de Joan empeoraba año tras año.
El mal venéreo que John le había transmitido comenzó lentamente a consumir tanto su carne como su juicio. Primero aparecieron llagas y manchas sobre la piel; después llegaron las fiebres, los dolores y finalmente los cambios en su ánimo y comportamiento.
Para las gentes de aquella época, semejante enfermedad no era solo motivo de vergüenza, sino señal visible de corrupción moral y castigo divino.
Las mujeres evitaban compartir banco con ella durante la misa y muchos padres prohibían a sus hijos acercarse a Richard y Simon por temor al llamado “mal de la sangre”.
John, lejos de mostrar arrepentimiento, continuó hundiéndose en el vino, el juego y la lujuria. Gastaba monedas en prostitutas mientras sus hijos pasaban hambre y más de una vez regresó a casa golpeado tras riñas de taberna. Incluso Walter, hombre paciente por naturaleza, llegó a afirmar que su hermano había nacido con el alma torcida.
Por ello, cuando John murió durante el cruel invierno de 1314, congelado bajo la nieve tras una noche de embriaguez, muchos aldeanos interpretaron su muerte como castigo enviado por Dios.
Y fuera de sus hijos, pocos derramaron lágrimas por él.
Richard, especialmente, cargó desde joven con el peso de restaurar la honra perdida de su familia. Trabajaba hasta el agotamiento intentando alimentar a su madre y hermanos, plenamente consciente de que muchos lo juzgaban hijo de un borracho maldito.
Aquello endureció su espíritu prematuramente y lo convirtió en hombre mucho antes de tiempo.
Simon, en cambio, heredó más del temperamento sensible de Joan. Aunque también trabajaba con diligencia, encontraba verdadero refugio únicamente en la compañía de Gilbert II, quien con los años llegó a convertirse en el hermano que la desgracia le había negado.
Y aunque Richard y Simon se amaban como hermanos, la miseria terminó levantando distancia entre ambos. Richard pasaba la mayor parte de sus días trabajando junto a Walter en la orfebrería o ayudando a Alice, mientras Simon permanecía más cerca de Joan y de la casa de Gilbert. Poco a poco comenzaron a verse menos, y las conversaciones entre ambos se volvieron breves y torpes, como si el dolor compartido hubiese levantado un muro silencioso imposible de derribar.
Mientras tanto, la casa de Gilbert parecía conservar cierta estabilidad en medio del desastre que consumía al resto del linaje.
Mientras tanto, la casa de Gilbert parecía conservar cierta estabilidad en medio del desastre que consumía al resto del linaje.
La llegada de Agnes en 1307 había salvado aquella familia del colapso absoluto. Aunque el matrimonio nació originalmente como un acuerdo práctico entre dos personas necesitadas de ayuda mutua, con el paso de los años el afecto floreció sinceramente entre ambos. Agnes jamás reemplazó del todo el recuerdo de Anne, pero los hijos de la difunta terminaron viendo en ella a una verdadera madre.
Con el tiempo, incluso las habladurías del pueblo comenzaron a apagarse. Las gentes que antaño murmuraban sobre aquel extraño matrimonio terminaron admitiendo que Agnes había devuelto la vida a una casa que parecía condenada a hundirse tras la muerte de Anne.
Gilbert, que durante años había vivido consumido por el trabajo y el duelo, comenzó lentamente a recuperar parte de la alegría perdida. Ya no era raro verlo reír durante las comidas familiares o regresar del campo llevando pequeños obsequios para los niños.
De la unión entre Gilbert y Agnes nacieron dos criaturas: William, llegado al mundo en el año del Señor de 1315, e Ida, nacida poco después. Ambos niños fueron recibidos con gran cariño por la familia, especialmente por Agnes, quien parecía encontrar en ellos un último refugio de esperanza en tiempos donde la muerte rondaba cada hogar.
Y aunque la pobreza y la hambruna comenzaban a extenderse por toda la región, la casa de Gilbert seguía siendo vista por muchos como el único rincón de los Hawthorne donde aún sobrevivía algo parecido a la paz familiar.
En el año del Señor de 1315 comenzaron las lluvias interminables y las cosechas se pudrieron sobre la tierra. La Gran Hambruna cayó entonces sobre el reino y el hambre transformó incluso a hombres honrados en criaturas desesperadas.
Walter vendió herramientas de orfebrería para comprar harina. Agnes diluía la leche con agua para alimentar a los pequeños. Alice hervía huesos durante horas enteras intentando obtener caldos miserables.
Mas nada bastaba.
Gilbert y Walter comenzaron poco a poco a privarse de alimento para entregar sus raciones a los niños. Primero fingían no tener hambre; después simplemente apartaban el pan de sus platos alegando haber comido antes.
Las mujeres comprendieron demasiado tarde el sacrificio que ambos realizaban.
Cuando Gilbert y Walter murieron en 1316, parecían ancianos consumidos por décadas de miseria, aunque ninguno había alcanzado todavía verdadera vejez.
Y tras aquello, algo terminó finalmente de quebrarse dentro de Joan.
La hambruna, el mal venéreo, el desprecio del pueblo y la muerte de John erosionaron lentamente la poca cordura que aún conservaba. Para entonces ya hablaba sola durante las noches y aseguraba escuchar el llanto de sus hijas fallecidas aun cuando la casa permanecía en completo silencio.
Hubo vecinos que afirmaron haberla visto cavando junto a las tumbas familiares en plena madrugada. Otros juraban que Joan comenzó a guardar restos de comida podrida debajo de las camas, aterrada ante la posibilidad de que sus hijos muriesen de hambre mientras ella dormía.
Y así llegó la tragedia del año del Señor de 1317.
Aquel invierno fue especialmente cruel. Durante días enteros la familia no probó más que agua turbia y cortezas hervidas. Las pequeñas lloraban sin descanso, consumidas por el hambre, y Joan pasó jornadas enteras sin dormir, escuchando aquellos llantos dentro de la oscuridad de la vivienda.
Finalmente, una noche, la mujer perdió por completo el juicio.
Tomó a sus dos hijas menores mientras dormían y las asesinó con sus propias manos. Algunos dijeron después que utilizó un cuchillo de cocina; otros afirmaban que las asfixió para evitar que los vecinos escuchasen los gritos.
Después, privada ya de toda razón humana, descuartizó los pequeños cuerpos y los cocinó lentamente en un caldo sobre el fuego del hogar.
Cuando Richard y Simon regresaron al amanecer tras una jornada de trabajo, hallaron la vivienda impregnada de un olor espeso y enfermizo. Joan permanecía sentada junto al fuego murmurando oraciones incomprensibles mientras removía el caldero.
Mas fue Simon quien descubrió la verdad.
Mientras buscaba desesperadamente a sus hermanas dentro de la vivienda, encontró en la cocina un saco ensangrentado oculto junto a unos barriles vacíos. Al abrirlo, halló las cabezas cercenadas de las niñas envueltas en trapos húmedos.
El muchacho soltó entonces un grito tan desgarrador que Richard acudió de inmediato.
Y al comprender ambos lo ocurrido, el horror terminó por quebrarlos.
Richard cayó de rodillas y devolvió el contenido de su estómago sobre el suelo de tierra, mientras Simon lloraba y temblaba incapaz siquiera de sostenerse en pie.
La noticia se propagó por toda la aldea antes del anochecer.
Y aunque aquellos años de hambruna habían llevado a muchos hombres al robo, al asesinato y aun al canibalismo, lo ocurrido en la casa de Joan fue considerado acto impío y monstruoso incluso para tiempos tan oscuros.
Muchos aseguraban que Satanás mismo había puesto sus manos sobre aquella mujer.
Joan fue apresada aquella misma noche por los hombres del señor feudal y encerrada bajo custodia de la iglesia. El sacerdote declaró que la mujer había cometido crimen contra Dios, contra la naturaleza y contra la sangre de su propio vientre.
Durante días enteros permaneció atada dentro de una celda húmeda mientras el pueblo discutía qué castigo merecía.
Finalmente, fue condenada públicamente por infanticidio, canibalismo y herejía.
La ejecución tuvo lugar frente a toda la aldea.
Primero fue arrastrada descalza por las calles mientras los aldeanos escupían a su paso y las campanas de la capilla doblaban lentamente. Después fue atada a un poste sobre una gran pila de madera y paja.
Cuentan algunos que Joan permaneció en silencio hasta que el fuego comenzó a consumirle las piernas. Entonces empezó a gritar los nombres de sus hijas entre alaridos tan terribles que muchas mujeres abandonaron la plaza llorando.
Sus cenizas fueron enterradas lejos del cementerio cristiano, en tierra no consagrada.
Y así terminó la rama más desdichada de la casa de Roger Hawthorne.
Con John muerto bajo la nieve, Joan consumida por el fuego y las pequeñas Alianore y Catherine asesinadas por mano de su propia madre, los únicos sobrevivientes de aquel hogar fueron Richard y Simon.
Los muchachos, incapaces de permanecer un día más en aquella vivienda maldita, abandonaron para siempre la casa donde habían nacido.
Richard fue acogido por Alice, quien desde hacía años le guardaba profundo cariño y veía en él mucho de la nobleza y bondad que Geoffrey había poseído en vida. Aunque Walter ya había muerto para entonces, Richard continuó utilizando las herramientas y enseñanzas que su tío le había dejado durante los años en que trabajó como aprendiz de orfebre bajo su tutela. Con el tiempo, comenzó también a ayudar a Alice en el cuidado de los numerosos niños de la casa y en las labores necesarias para mantener el hogar con vida.
Simon, por su parte, fue recibido por Agnes y la familia de Gilbert. El muchacho encontró refugio principalmente en la compañía de Gilbert II, cuya amistad se había convertido con los años en el vínculo más cercano que poseía. Y aunque Gilbert también había muerto ya para entonces, Simon seguía sintiéndose más unido a aquella casa que a cualquier otro lugar del mundo.
Mas el horror de aquella noche jamás abandonó por completo al muchacho. Hubo quienes aseguraban que durante meses despertaba sobresaltado en mitad de la madrugada, aterrado por recuerdos imposibles de olvidar.
Desde entonces, los dos hermanos comenzaron a vivir vidas cada vez más separadas. Richard se volvió silencioso y severo, consumido por el deber y el trabajo, mientras Simon buscaba refugio en la compañía de los pocos afectos que aún le quedaban.
Y aunque seguían unidos por la sangre y el dolor compartido, nunca volvieron a mirarse del mismo modo después de aquella tragedia.
Pasaron así los años entre hambre, entierros y cosechas miserables, hasta que en el año del Señor de 1319 una nueva desgracia cayó sobre la casa de Alice.
El incendio comenzó en plena madrugada, cuando una chispa escapada de un brasero cayó sobre unas telas secas almacenadas cerca del antiguo taller de Walter. El fuego encontró alimento rápido entre la madera envejecida de la vivienda y las llamas comenzaron a extenderse con violencia monstruosa, avivadas por el viento frío del invierno.
Los primeros gritos despertaron a la familia demasiado tarde.
El humo llenó la casa antes incluso de que muchos comprendiesen lo que ocurría. Alice logró sacar desesperadamente a varios de sus hijos mientras los vecinos acudían con cubos de agua y mantas húmedas, aunque poco podían hacer frente a semejante infierno.
Las llamas devoraban vigas enteras y el techo comenzó a resquebrajarse bajo el calor.
Mas en medio del caos descubrieron que Almaric y la pequeña Elizabeth seguían atrapados dentro de la vivienda.
Entonces un hombre desconocido, quizá campesino o viajero de paso, irrumpió entre las llamas sin atender a los gritos de quienes intentaban detenerlo. Consiguió sacar a Almaric envuelto en mantas ardiendo, pero antes de alcanzar nuevamente la salida parte del techo colapsó sobre él.
El desconocido murió aplastado y consumido por el fuego sin que nadie llegase siquiera a conocer su nombre.
Richard, al contemplar aquello, no vaciló un solo instante.
Cubrió su rostro con un paño húmedo y volvió a internarse en la vivienda incendiada mientras Alice gritaba desesperada intentando detenerlo.
Durante breves momentos nadie logró verlo entre el humo.
Muchos pensaron entonces que el muchacho moriría igual que Geoffrey años atrás.
Mas finalmente Richard reapareció cargando a Elizabeth entre los brazos mientras las llamas consumían el resto de la casa detrás de él. Sus manos y brazos habían quedado terriblemente quemados, y apenas logró mantenerse en pie al atravesar la puerta.
La pequeña aún respiraba.
Durante días enteros Alice permaneció junto al lecho de la niña rezando para que sobreviviese. Agnes acudió también a cuidar de ella, mientras Simon y Gilbert II ayudaban a reconstruir lo poco que el fuego había dejado en pie.
Pero las quemaduras eran demasiado graves.
Elizabeth murió pocos días después entre fiebres y dolores insoportables.
Y aunque Richard no logró salvarla, aquel acto cambió para siempre la forma en que la aldea lo veía.
Por primera vez, muchos dejaron de contemplarlo como al hijo del borracho John Hawthorne o del monstruo que había sido Joan.
Y comenzaron finalmente a verlo como un hombre digno por mérito propio.
Y para entonces, los Hawthorne ya no eran simplemente una familia.
Eran sobrevivientes.
Esta década, a pesar de contar con un evento histórico devastador, no tuvo tantas muertes como la anterior, registrando una mortalidad del 34,7%, tomando en cuenta todos los sims que podrían haber llegado vivos al final de la década (23 sims).
A diferencia de la década pasada, esta vez se vio un incremento en la muerte de adultos, falleciendo 4 sims en esta etapa vital. Los niños también presentaron un aumento en su mortalidad, pasando de 0 a 4 muertes durante esta década.
Etapa de la vida al momento de la muerte:
- Niñez: 50%
- Adulto: 50%
Como de costumbre, para decidir quién vive y quién muere se utiliza el sistema de dados. Las únicas muertes excepcionales fueron las de Geoffrey, Elizabeth y John, las cuales ocurrieron por accidente debido a mecánicas propias de Los Sims 4.
En el caso de los sims fallecidos durante la Gran Hambruna, se lanzó un D8; si el resultado caía en 3 o 7, morían de inanición.
4) Matrimonio
Este punto en el episodio pasado se llamaba “Futuras generaciones”. Ahora que tenemos adolescentes, ya sé quiénes se casan y quiénes no, pero eso será una sorpresa para la próxima década.
También, respecto a este mismo punto, me gustaría conocer la opinión del público sobre si les gustaría que Alice y Agnes volvieran a casarse o si prefieren que permanezcan viudas para siempre. Todavía no estoy segura de cuál es la mejor opción, así que pueden dejar su opinión en los comentarios.
5) Acontecimientos
Durante esta época ocurrió la Gran Hambruna de 1315-1317. Esta fue la primera de una serie de crisis a gran escala que azotaron Europa a principios del siglo XIV. La mayor parte del continente se vio afectada. Las malas cosechas no fueron el único problema; las enfermedades del ganado vacuno provocaron una disminución de hasta el 80% en el número de ovejas y vacas.
El período se caracterizó por niveles extremos de delincuencia, enfermedades, muertes masivas e incluso canibalismo e infanticidio. Los historiadores debaten sobre la cifra exacta de víctimas, pero se estima que entre el 10% y el 25% de la población de muchas ciudades y pueblos falleció.
Algo que no agregué en la parte narrativa es que durante esta época el challenge me obligó a deshacerme de mis animales, así que les pido un minuto de silencio por Clara Bella, la vaca lechera; Dante, el gallo; y Petrarca y Ayala, las gallinas.
6) Linea de sucesión
Debido a la muerte de Geoffrey, la línea de sucesión pasó a Almaric. Espero que esta vez sí sobreviva.
P.D.: Tengo personajes favoritos. Mi sim favorito de la década pasada fue Anne, que descanse en paz, y el de esta década sin duda es su hija Beatrice. Es que mírenla.
P.D. 2: Durante la Gran Hambruna, como parte del challenge, solo puedes alimentar a los sims una vez al día. Y la verdad, pensé que el cambio no sería tan notorio, pero miren esto:










nO A GILBERT, NO A MI GILBERT NOOOOOOO
ReplyDeletetuve exactamente la misma reacción, era mi hermano favorito de los originales
Deletejohn qliao q bueno q se murió si no se moría lo mataba yo a patadas
ReplyDeleteLa verdad, mientras más nos acercábamos a la gran hambruna, yo rezaba para que se muriera en ella. No sabes el gusto que me dio cuando murió antes de lo esperado.
Deletesaludos a la leona porfavor mándale saludos porfav
ReplyDeletela leona también te manda saludos
DeleteOye que te pasa el caldo de hueso es full nutritivo
ReplyDeleteCtm
ReplyDeleteAl fiiiiiin murió John wn
ReplyDeleteNoooooooooo mis niñas, no puede ser, dios, eres tan cruel, loco, jamás pensé que joan mataría a las niñas wn
ReplyDelete